Talento
Soy firme creyente de que cada persona posee un regalo o don (en algunos casos afortunados, varios). A menudo, a causa de las dinámicas del hogar, la sociedad o la cultura en que nos desarrollamos, escondemos o perdemos dentro de nosotros mismos este talento.
Este primer recurso lo definiremos como el conjunto de cualidades, habilidades, fortalezas y debilidades que nos componen de manera intangible como seres humanos.
Cuando pienso en identificar talentos, pienso en el concepto Ikigai. Este es un concepto japonés que puede definirse como “tu razón de ser“. Ikigai es lo que a nivel individual hace que la vida valga la pena ser vivida.
Para conocer cuál es tu Ikigai, piensa en las cosas que amas, en las cuales eres bueno, las que son necesarias y además las que pueden ser una fuente de ingresos.
Para que puedas descubrir cuál es tu talento, hay un elemento indispensable que es la pasión. Sentir pasión mientras realizas una actividad te lleva a considerar si lo haces por placer o por obligación.
“El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive”.
Fiódor Dostoievski
Autoconocimiento
El autoconocimiento es el primer paso para empezar a trabajar con el talento que tienes. En este proceso empezamos a conocernos a nosotros mismos, desarrollando la capacidad de reconocernos como individuos, y diferenciándonos de todo cuanto nos rodea.
“La felicidad es un cómo no un qué, es un talento no un objeto”.
Hermann Hesse
El perfeccionismo
Ahora hablemos un poco del perfeccionismo. Soy de las que cree que es mejor hecho que perfecto.
Esto aplica para perder el miedo de hacer cosas que sean criticadas y menos apreciadas en el trabajo, pero también aplica para nosotros mismos. Si ya estamos hechos, propongo que nos olvidemos de ser perfectos, y abracemos nuestras imperfecciones, que son en realidad: regalos. El gran reto es descubrir cómo podemos sacarle mejor partido a estas imperfecciones que la vida nos ha regalado.
Antes de buscar perfección, reconoce quién eres y todo el talento que posees.
“No hay alegría mayor que examinarte y reconocerte íntegro”.
Mencio
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