Preparar el enfoque

Corría, me ardían los pies, no sentía mi rostro y mis pulmones iban a colapsar. Sentía como mi rostro se cortaba con las gélidas gotas de lluvia y una temperatura de 4 grados Celcius, pero seguía corriendo, no por mí, no por orgullo, sino por esas personas que tras una bomba ya no correrían más.

Lo hacía por esa chica que estando en una cama nunca se doblegó. Lo hacía por mi familia y el legado que dejaría de no rendirnos, ni en los negocios ni en la vida. Veía a muchos caer, resbalar, tirar la toalla, pero yo logré lo que muchos no lograron ese día: 3 horas, 32 minutos, 44 segundos.

Superdotada no soy, ni tampoco superhumana.

 

La tarde anterior al maratón, cuando me di cuenta de que la lluvia sería una realidad durante toda la carrera y que el clima sería más frío de lo normal, tuve que pensar fuera de la caja, bueno… En realidad tuve que pensar dentro de mi propia caja y trabajar con lo que tenía a la mano.