La Autonomía Económica
La autonomía significa para las mujeres, contar con la capacidad y con condiciones concretas para tomar libremente las decisiones que afectan sus vidas.
Para el logro de una mayor autonomía, se requieren muchas y diversas cuestiones, entre ellas liberar a las mujeres de la responsabilidad exclusiva por las tareas reproductivas y de cuidado, lo que incluye el ejercicio de los derechos reproductivos; poner fin a la violencia de género y adoptar todas las medidas necesarias para que las mujeres participen en la toma de decisiones en igualdad de condiciones. [ 30 ]
El trabajo no remunerado sustenta la economía y a menudo suple la falta de gasto público en servicios sociales e infraestructura.
Ver ejemplo de trabajo no remunerado. [ 31 ]
La Autonomía Económica
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) define la autonomía económica en cara a las mujeres de generar ingresos y recursos propios a partir del acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres. Considera el uso del tiempo y la contribución de las mujeres a la economía. [ 37 ]
La pandemia del COVID-19 ha ocasionado una contundente salida de las mujeres de la fuerza laboral lo cual representa un retroceso de 18 años en los avances logrados por las mujeres de la región en incrementar su participación en el mercado laboral, según los datos de CEPAL de 2021.
Los avances encaminados al logro de la autonomía económica de las mujeres se relacionan con los marcos normativos vinculados al trabajo remunerado y no remunerado; institucionalidad reflejada en el desarrollo de políticas y planes específicos sobre cuidados, corresponsabilidad y derechos laborales o empleo; sistemas de información sobre trabajo remunerado y no remunerado y uso del tiempo, e iniciativas en el ámbito de las comunicaciones, incluidas campañas de sensibilización y promoción de la corresponsabilidad social en los cuidados. [ 38 ]
Empoderar a las mujeres económicamente es un derecho esencial para alcanzar la igualdad de género y lograr metas de desarrollo más amplias tales como el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, y mejoras en la salud, educación y bienestar social.
Principalmente, las mujeres y las niñas están a cargo de los cuidados y dedican el triple de tiempo al trabajo doméstico y no remunerado que los hombres y los niños. Las normas asociadas al género contribuyen a mantener esta división desigual del trabajo y tienen importantes implicaciones para la igualdad de género.
La sobrecarga y la distribución desproporcionada del trabajo de cuidados afectan directamente a las niñas y mujeres de todo el mundo, obstaculizando e interrumpiendo su potencial de vida.
La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la fragilidad de los acuerdos de trabajo de cuidados, la dependencia que las sociedades tienen del cuidado no remunerado, así como una implicación desproporcionada de las mujeres y las niñas en estas actividades. La contingencia sanitaria también ha demostrado que el modelo económico y social actual ha resultado ineficaz para cerrar las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres, ya que agrava las diferencias sociales a todos los niveles. Las condiciones laborales de las y los trabajadores del cuidado se han vuelto más precarias y, al mismo tiempo, su trabajo se ha tornado más esencial que nunca.
La autonomía económica de las mujeres es el resultado de una articulación entre la independencia económica, derechos sexuales y reproductivos, una vida libre de violencia y paridad en la política.
[ 30 ] https://oig.cepal.org/es/autonomias
